Cómo reconocer las señales de ansiedad que envía tu cuerpo

Estas son las señales de ansiedad que te envía tu cuerpo

Cómo reconocer las señales de ansiedad que envía tu cuerpo

¿Tensión en la mandíbula al despertar? ¿Dolor de espalda sin causa aparente? ¿Una presión en el pecho que aparece sin avisar? Es fácil achacar estas sensaciones a una mala postura, a un colchón viejo o a una jornada intensa frente al ordenador. Pero ¿y si tu cuerpo estuviera intentando decirte algo más? La ansiedad no siempre se presenta con pensamientos acelerados o miedos visibles. A veces, se manifiesta en forma de contracturas, insomnio o digestiones pesadas. Aprender a identificar estas señales físicas puede ser el primer paso para evitar que la ansiedad tome el control de tu bienestar.

Las emociones no se quedan en la mente: se sienten en el cuerpo

Las emociones no son abstractas. Aunque a menudo se clasifican como «positivas» o «negativas», lo cierto es que todas cumplen una función: activan respuestas físicas y mentales que nos preparan para reaccionar. La alegría puede abrirnos a nuevas experiencias, mientras que la tristeza nos invita a retirarnos y reflexionar. Sin embargo, cuando estas emociones no se reconocen ni se expresan, encuentran otra vía: el cuerpo.

El psicólogo Robert Plutchik propuso en 1980 la conocida rueda de las emociones, que clasifica ocho emociones básicas —alegría, confianza, miedo, sorpresa, tristeza, aversión, ira y anticipación— y muestra cómo su intensidad y combinación genera respuestas complejas como el amor o la sumisión. Estas emociones activan reacciones automáticas que, si no se canalizan, pueden traducirse en síntomas físicos.

Cuando el cuerpo levanta la voz

Dolores recurrentes de cabeza, opresión en el pecho, molestias digestivas, rigidez muscular… Son respuestas frecuentes del cuerpo cuando la ansiedad se instala. Muchas personas lo normalizan: cambian el colchón, toman antiinflamatorios o buscan explicaciones posturales. Pero pocas veces se detienen a preguntarse si hay emociones pendientes de atender.

El cuerpo funciona como un radar emocional. Cuando atravesamos una situación difícil o acumulamos tensiones sin darles espacio para expresarse, el cuerpo reacciona. No como castigo, sino como una forma de avisar: algo necesita tu atención. Ignorar estas señales prolongadamente puede llevar a un desgaste físico y emocional profundo.

Aprender a escuchar lo que sientes

Detectar las señales físicas de la ansiedad no significa alarmarse por cada molestia, sino desarrollar una mayor conciencia corporal. Reconocer cuándo un dolor muscular está ligado a una emoción puede evitar que se cronifique. Una herramienta eficaz para entrenar esta conciencia es la relajación muscular progresiva de Jacobson, una técnica validada por décadas de investigación psicológica.

Esta técnica consiste en tensar y relajar distintos grupos musculares de forma progresiva, prestando atención a las sensaciones que genera cada fase. Al hacerlo con regularidad —idealmente cada noche antes de dormir— se afina la capacidad para detectar cuándo el cuerpo se tensa a lo largo del día. Esa atención te permite intervenir antes de que la ansiedad se acumule.

Prevenir el desgaste emocional con pequeños gestos

Más allá de las técnicas formales, existen hábitos sencillos que pueden ayudarte a mantener a raya las manifestaciones físicas de la ansiedad. No se trata de eliminar todas las tensiones —eso no es realista ni necesario—, sino de mantener una relación más consciente y compasiva con lo que sientes.

Recuerda: el cuerpo no exagera ni inventa. Solo busca protegerte cuando tu mente va más deprisa de lo que puede gestionar.

Consejos prácticos para empezar hoy

  • Haz una pausa cada noche y repasa mentalmente tu día: ¿qué emociones recuerdas?, ¿dónde las sentiste en tu cuerpo?
  • Prueba la relajación muscular progresiva antes de dormir. Solo necesitas 10-15 minutos.
  • Coloca un recordatorio visual en tu espacio de trabajo que te ayude a registrar tu nivel de tensión corporal.
  • Hazte preguntas simples cuando notes molestias: “¿Estoy sosteniendo algo que no he expresado?”
  • Evita juzgarte por sentir tensión o malestar. Observa, reconoce y actúa desde la curiosidad, no desde la culpa.

A veces basta con detenerse unos segundos para tomar conciencia de lo que sentimos. Si este artículo te ha servido para identificar algo que suele pasarte o te ha hecho pensar en alguien que vive con este tipo de tensiones, puedes compartirlo. Puede que a otra persona también le ayude a entender mejor lo que le está diciendo su cuerpo.

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